Me sorbo

Me sorbo

Licuarme en una lágrima
y surcarme
donde un arrecife de pena
condensa
la arruga de los años.

Como la sal que trepa
el costado de la roca
del diente de la arena.
Me araño. Me sorbo.
Y de nuevo, sed nueva.

Así me quedo, a tientas
sobre mi plato vacío
al que nadie se acerca.
Apenas con un trato dolido
y un sorbo de densa
ausencia de primavera.
Como el humo de un beso de vida
que parte y al labio no llega.
Licuado en la sal infinita
con surcos de lágrimas viejas.

Así me derramo
en orillas ajenas.

Y me licuo
y me surco
y me sorbo
y la pena.

Uno que camina

Cómo haremos

Cómo haremos

Otra vez
brotan clavos de mis manos
cuando empiezo a acariciarte.

Perfil de severidad infinita.
Cómo haremos
para retener lo que liberamos
al comienzo.
Esa voz en luz perpetua.
Cómplice. Ingenua.
Esa voz en perenne floración
que no queda
ni para mojarme los labios
con rocío.

Cómo haremos.
Otra vez brota la sed
de mis párpados
cuando me siento a mirarte.
Y voy hacia el Sol
y quiebro las ventanas
de tu pecho
con mis miedos al contraste
mientras mis ramos se tuercen
en un sinsentido.

Y no entiendo
como haremos,
cuando tú me quieres hiedra
y en el temblor de mi vientre
observo que debo podarme.
Cuando crezco
yo la luz no puedo verla.
Y en mi noche brotan clavos
y puñales.

Uno que camina

Adónde marcharán

Adónde marcharán
las alas que no tuve,
las plumas que me manchan,
adónde se las llevan.
Adónde escaparán
los vuelos y las nubes,
los vientos y la risa,
la luz de luna nueva.

Porque ya no descanso
y el múltiple crisparse
de mi pecho
prolifera
sin temor a las fronteras,
a pactos o armisticios.

¿Cuándo decidí yo ser el temblor de un trino?

Mi pulso se tuerce
en el innombrable flujo
de esta inconstancia
de mí mismo.
Un absoluto meandro
en el vacío.
¿Conoces esa forma
en que las cosas se vierten
inevitablemente
sin que nadie las sienta?
Pues a mí se me escurren
los sentidos de la mano
y me quiebro en mil pedazos
si de pronto acude el frío.

Tan incapaz de mí
y de pesarte
que no quiero herir
una llaga de tu tiempo.
No tengo ni dianas
ni flechas,
ni soy arco
ni puerta
por la que cruzar o fugarse.
Atravesado descanso.

Adónde marcharán
las ansias que no tuve,
las cartas que me manchan,
adonde se las llevan.
Adónde escaparán
las letras y las nubes,
las marcas en el cielo,
la luz que no me queda.

Antonio Navarro (inédito)

Otros poemas inéditos en el blog:

Cuál es: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/07/09/cual-es/

Lluvia y sueño: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/08/10/lluvia-y-sueno-san-lorenzo/

Adónde marcharán: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/06/17/adonde-marcharan/

 


Atentamente

Uno que camina

Pétalos (Ángeles y Condenas)

Pétalos

Creo que guardé un motivo
en tus pétalos de rosa negra,
y que lo escondí en tu tallo
suavito de blanca perla.
Y creo que aquel perdido
motivo de negra perla,
lo han devorado unos labios
de mortal enredadera.

Y ahora, me quedo dormido
sobre el cristal de la yerba,
y en mi costado se hunden
los dientes de flores negras.
Sé que un destello dolido
ha susurrado en tus cuevas
y ha robado los latidos
que alimentaban mi hoguera.

Pero nunca nadie puede
liberar a quién no quiera,
porque si dice que quiere…
¿quién puede decir que no deba?

Poema incluido en Ángeles y Condenas