Villanela a las Fiestas de Ocaña

Villanela a las Fiestas de Ocaña

Amaneció un día bonito. Hace unas semanas, hablando con el director del periódico de mi pueblo, José Rubiales, supe que uno de mis poemas iba a aparecer en el Perfil de Ocaña. José me animó a que le enviase unos versos inspirados en las Fiestas Patronales que este año no iban a poder oficiarse. Las fiestas, que se celebran en la semana del 8 de septiembre, conmemoran la figura de la Virgen de los Remedios, patrona de la Villa de Ocaña. Durante estos días, de los balcones ondean banderas azules y blancas, semblanzas de la Virgen, y cientos de luces colorean las calles y plazuelas de mi pueblo. La efervescencia que hoy se ausenta en nuestras vidas, florecería más que nunca si este virus no nos cercara con su inminente silencio. Pero esto es lo que tenemos.

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La fuente (paisaje)

La fuente (paisaje)

Coro de grillos. Luz. La muerte aproximando sus señales. En el camino hacia la puerta de la fuente, el mediodía graba un infierno particular en cada piedra, acatando cada norma del verano. Ríos de vida negra viajan de cráter en cráter transportando los preceptos del invierno y, a los lados, los plátanos lanzan sus ramas en lo alto. Pequeñas obreras trepando las copas para luego regresar hacia su cráter. Pacientes. Conformes. Sumisas. El año amarillea en la villa y el valle sin pausa, se recalienta. Y la puerta de la fuente no se abre y no impide que se aleje quién se acerca. Sed. La sed. En cuclillas y a la sombra desespera. En sus ojos se escurre el último destello de sus fuerzas.

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En el cerro (paisaje)

En el cerro (paisaje)

El camino trepando por el cerro de la parroquía: suelo enlosado en piedra tallada, pasamanos heridos por el tiempo y un horizonte de tejas. Cal en las fachadas. Una farola en el ombligo de la plaza.

El campanario corona el cerro. Un silencio se posa sobre la aldea cuando, de pronto, restalla el aleteo de las aves que la pueblan. El camino la atraviesa con su lanza y desemboca en su vientre de costado. Un juego de crisoles y de nubes refleja cristales en las laderas mientras el borboteo de un arroyo circunda la silueta del silencio. El día se escurre del rosa al ámbar sin pensar en el trayecto. Noche de cigarras.

Y en el tablero del llano

donde abanican trigales

unas cuerdas van pulsando

canciones que nadie sabe.

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Carta al abuelo

Carta al abuelo

“Hace mucho prometiste

enseñarme

los palacios intemporales,

y me voy haciendo viejo.” *

Antonio Navarro Vázquez

 

Hola abuelo, sé que estarás bien. A día de hoy, aun guardo una imagen tuya (dibujada por las manos de un niño) que creo que conservaré para el final. Y que conste: sé que no te gustaban los finales. Siempre preferiste sembrar y esmerarte en lo tuyo, a disfrutar del festín de la cosecha. Lo tuyo siempre fue el campo, su trabajo, sus labores y claro… allí las prisas nunca fueron buenas. El final siempre te hacía pensar en si el camino se había transitado correctamente y, al final, donde menos se piensa es en el propio camino. Tú siempre fuiste de ponerle el despertador al sol, calzarte con cuidado, montarte sobre el tractor y observar cómo los días se iban y volvían, alerta de lo que trajera el mañana. Alerta, siempre alerta. Como un jefe cuidando de su tribu.

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Palacios intemporales (video-poema)

Palacios intemporales es un poema que cosí para ti abuelo. Hace unos días habrías cumplido 88 años y lo cierto es que nunca pude recitartelo a viva voz, como te gustaba decir. Sé que tú medías las cosas de otra manera: tú sabías oler el fruto del árbol aún cuando era una semilla.

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