Nana

Nana

En un murito dejé
un pedacito, un latido,
por si quisieras volver
otro verano conmigo.

Si lo tomase otra vez
habría brotado un castillo
y las nanas de tu piel
me brindarían cobijo.

En aquel muro bordé
un refugio compartido.
Juntos, ángel, un edén.
Nuestra orillita del río.

*Foto tomada por Arena en una autopista cántabra.

Atentamente

Uno que camina

El cabo (paisaje)

El cabo (paisaje)

Cabo de San Juan de la Canal (Liencres, Cantabria)

Desde las cabañas, con el mar del norte al costado de las lomas, se oye retirarse a las aguas, incansables, con un botín de piedra y de facciones. Practica la escultura inversa. El oleaje persevera golpeando, tallando, corrigiendo la identidad de las rocas, mientras sus rostros se abandonan a la sal de la indiferencia. Así quedarán ellas cuando les priven todo de sus grietas, de sus cicatrices, de sus aristas: indiferentes. Con el tiempo, las rocas se resignan y quedan lisas, mudas, como aquellos que contemplan su lucha desde la orilla. De vez en cuando, una procesión de luces atraviesa con calma esa frontera que separa a las olas de los vientos brindándonos, por si acaso, un motivo para cruzar nuestras palabras.

Tiene por nombre, me dicen,

todos los que ya ha robado,

aunque en la orilla los deje

cuando su letra ha gastado.

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