En la grieta

En la grieta

En la grieta está lo frágil,
carcelero…
en la grieta está lo fértil.

En ese elemento sutil
-donde la balanza
se ha inclinado a los vacíos-,
trazó su marcha el funambulista
con el tímido no-ser
del que ya cansó su nada.

El sendero de lo fértil
como descenso al mar
de grietas, donde flotar,
nunca se dio por sabido.
El placer de la tormenta
es un dormir contraído
y un alhelí en primavera
es lo que esfuerzo es al frío.

El color es el hartazgo de la espera
y, en ese elemento sutil
-cuando la balanza
reconoce que ha caído-,
el negro marca su marcha
de ciego funambulista
con un sólido ceder
del no-ser que nunca quiso.

En el ocaso, la belleza se confunde
con una ficción en la noche
y el saber de que en la grieta
se cobija lo más fértil.
Bendito sea tu don, amiga vida.

Hoy que la balanza se pronuncia
y que mi alma se nos fuga
aprendiendo el alfabeto de la soga…
desaté la fértil voz de grieta muda.
Cuéntame ese cuento
carcelero de lo oscuro.
Cuenta con el tiempo
que llegó la noche frágil.

Antonio Navarro Vázquez

Otros poemas inéditos en el blog:

Cuál es: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/07/09/cual-es/

Al sueño en fuga (décima): https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/12/10/al-sueno-en-fuga-decima/

Nada: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/09/14/nada-hay/

Atentamente,

Uno que camina.

Cartas encontradas (II): quién busca

Cartas encontradas (II)

Hay cosas que llaman la atención porque alguien pone el dedo sobre ellas. Otras, porque a veces, la suerte guiña un ojo y una lágrima de luz pues, las hace visibles donde todos eran medianoche. Algunas veces, el trabajo premia los esfuerzos y otras, los castiga. Creo que he visto a los callos de las manos estrangular a sus ansias de éxitos con el grito del que tiene prisa, convirtiendo todas sus posibilidades en un perfecto e incuestionable cero a la derecha. En definitiva: pueden pasar muchas cosas que hagan que otras llamen la atención por encima de las demás, y tampoco tiene sentido que uno se pierda en enumerarlas todas. O sí. Reconozco que está carta que hoy transcribo, me llamó la atención porque estaba sobre el techo de un contenedor de basura el día más caluroso del verano. La llamé la carta del que busca, y su subtítulo podía haber sido perfectamente y a saber lo que se encuentra, aunque quizás no lograsemos llegar a un acuerdo, claro. A mí me llamó la atención, la verdad, a ver que os dice a vosotros.

Del que busca

A mi:

Leer más “Cartas encontradas (II): quién busca”

Me sorbo

Me sorbo

Licuarme en una lágrima
y surcarme
donde un arrecife de pena
condensa
la arruga de los años.

Como la sal que trepa
el costado de la roca
del diente de la arena.
Me araño. Me sorbo.
Y de nuevo, sed nueva.

Así me quedo, a tientas
sobre mi plato vacío
al que nadie se acerca.
Apenas con un trato dolido
y un sorbo de densa
ausencia de primavera.
Como el humo de un beso de vida
que parte y al labio no llega.
Licuado en la sal infinita
con surcos de lágrimas viejas.

Así me derramo
en orillas ajenas.

Y me licuo
y me surco
y me sorbo
y la pena.

Uno que camina

Pétalos (Ángeles y Condenas)

Pétalos

Creo que guardé un motivo
en tus pétalos de rosa negra,
y que lo escondí en tu tallo
suavito de blanca perla.
Y creo que aquel perdido
motivo de negra perla,
lo han devorado unos labios
de mortal enredadera.

Y ahora, me quedo dormido
sobre el cristal de la yerba,
y en mi costado se hunden
los dientes de flores negras.
Sé que un destello dolido
ha susurrado en tus cuevas
y ha robado los latidos
que alimentaban mi hoguera.

Pero nunca nadie puede
liberar a quién no quiera,
porque si dice que quiere…
¿quién puede decir que no deba?

Poema incluido en Ángeles y Condenas