Nana

Nana

En un murito dejé
un pedacito, un latido,
por si quisieras volver
otro verano conmigo.

Si lo tomase otra vez
habría brotado un castillo
y las nanas de tu piel
me brindarían cobijo.

En aquel muro bordé
un refugio compartido.
Juntos, ángel, un edén.
Nuestra orillita del río.

*Foto tomada por Arena en una autopista cántabra.

Atentamente

Uno que camina

Para ti robé (Ángeles y Condenas)

Para ti robé

Yo te la di a ti, sí.
Para ti robé una estrella.
Una estrellita de plata
para que te protegiera.
Pero nunca pediste ni luces,
ni canciones, ni riberas.
Tú solo querías mis manos
pa que lanzara tus flechas.

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La fuente (paisaje)

La fuente (paisaje)

Coro de grillos. Luz. La muerte aproximando sus señales. En el camino hacia la puerta de la fuente, el mediodía graba un infierno particular en cada piedra, acatando cada norma del verano. Ríos de vida negra viajan de cráter en cráter transportando los preceptos del invierno y, a los lados, los plátanos lanzan sus ramas en lo alto. Pequeñas obreras trepando las copas para luego regresar hacia su cráter. Pacientes. Conformes. Sumisas. El año amarillea en la villa y el valle sin pausa, se recalienta. Y la puerta de la fuente no se abre y no impide que se aleje quién se acerca. Sed. La sed. En cuclillas y a la sombra desespera. En sus ojos se escurre el último destello de sus fuerzas.

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