Quiere llorar (Ángeles y Condenas)

Hace unos meses, en plena Semana Santa, paseaba por una de las callejuelas del Albaicín cuando de pronto, la calle se abrió y pude ver la amplitud del Sacromonte. Las luces de las casas parecían trepar por las colinas, y la luna vigilaba la lentitud de la noche. Temblaban unas guitarras. A la izquierda, la Alhambra se alzaba en silencio en un lienzo de luces y arcilla. Fue conmovedor.

Recuerdo que en ese momento lancé estos versos que incluiré en Ángeles y Condenas. Solo Granada tiene ese poder de embrujo. Ojalá lo disfrutéis. Se llaman Quiere llorar.

Quiere llorar

Granada.

 

Clavelitos en cristales
trepando por las colinas
quieren besar las almenas
de un pasado que vigila.

Acechando, dos mil brujas
con sus palabras despistan,
mientras la danza del fuego
por el Darro se desliza.

Y sus ojos reflejaban
el oro de las espinas,
y su rostro respiraba
la luna entre las cortinas:

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