La altura

La altura

Escalar no te hizo ave. Trepar la roca no te acercará al aire, ni a la luna, ni a la altura. Tu corazón quedó reo de la tierra.

Escalar nunca fue cosa de aves. Las aves navegan. Y por más que se aventure el perro a las alturas, siempre pertenecerá a los charcos y a su cieno. Porque su corazón, canción de huesos, sólo sabe a roca seca y polvo y tierra.

Por más que arañe la roca y le ladre a su sombra, no hallará consuelo, porque no hay lugar para la gramática del aire en el granito de sus huesos.

Vuelvo, tras mis huellas, sin manada, a olisquear un breve réquiem de escaladas, coleccionando fragmentos de esqueleto, por si pudiera construirme nuevas alas con los restos del crujir de mis caídas.

Pero no. Por más que trepes, perro, jamás podrás ser ave. Tu olfato no aspira a las estrellas. Por alto que mires y aúlles a tu luna, siempre quedarás lejos: y es que la lengua del astro no es bienvenida entre fieras. Hay voces que nunca se cruzan. La altura, piel de huesos, jamás fue asunto de esas cumbres a las que tus patas se afanan en encaramarse.

La altura, pardo perro, siempre la dieron las alas, y escalar no te dará una canción de plumas.

Y no entretengas a los vientos con tus bromas. Tu corazón siempre será de roca y tierra.


Atentamente,
Uno que camina

Autor: Antonio Navarro Vázquez

De la arcilla, la madera y el trigo. Hijo de muchos cantares. Padre de algunas pasiones. Mi hoguera

4 comentarios en “La altura”

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