Cartas encontradas (IV): reproche materno

Cartas encontradas (IV)

Volvemos a las cartas.

Defiendo firmemente la idea de que algo se conoce cuando se lo ve mezclarse con otras cosas. Aunque… no conviene ser reduccionista. Las pruebas se merecen raíces fuertes y, normalmente, las causas no son líneas rectas. Las causas juegan. Probablemente haya que escarbar un poco la superficie para hacer justicia a la semilla que hay bajo la grava, aunque solo sea por ratificar lo evidente. Las máscaras tienden a rasgarse con el uso y su tela no suele retener lo que contiene cuando se empeña en rasgar su envoltorio. Entonces, solo queda dar al tiempo el espacio suficiente para que se recorra, y ver lo que es lo que vence.

En esta carta que hoy rescato de aquel montón de basura, encuentro el agarre real que obliga a un lazo verdadero. Había algo ahí que me decía algo sobre alguna verdad, de algún tipo. Una verdad oculta y trasnochada, evidente, como el amor y el reproche de las madres. Quizás a tiempo, afortunado, pero desmedido, como las provocaciones que se cubren sus espaldas con las de otros. Como esas advertencias que ocupan todas las posibilidades. Quién sabe. Cada uno tiene su madre y generalizar es castrar deliberadamente. En definitiva, a la siguiente carta la llamé reproche materno. Os dejo con ella y me despido.

Como siempre, un abrazo.

Reproche materno

Hijo:

Aún sigues con tus tonterías, ¿verdad? No lo entiendo Álvaro. Debes de llevar más de un año dando tumbos sin decirme absolutamente nada. ¿Cuándo piensas volver a casa? No comprendo que es lo que buscas exactamente. Fíjate, puedo llegar a entender que perdieras las tardes en el descampado con Ángel y María. Entiendo que te pasaras los días en el arroyo, viendo el agua caer, dale que te dale a la guitarra. Sacabas buenas notas, no iba reprocharte nada. Hasta podría entender los malos tragos que me has hecho pasar más de una vez cuando decidías no avisar de que pasabas la noche fuera de casa. Siempre subido ahí en el cerro, mirando a las ruinas desde las alturas. Hasta eso te lo paso, pero… que te marches sin avisar, sin darme un abrazo a mí, tu madre.

No lo entiendo. Por más que chocásemos, por más que odiase el ruido que hacías cada minuto que andabas por casa. No sé, ¿no me merezco unas palabras? Ojalá me entendieses, Álvaro. Ojalá tengas un hijo un día y lo entiendas. No sé las vueltas que habré dado para dar con una maldita dirección, y agarrarme a un clavo ardiendo para dejar de pensar que andas por ahí metido en drogas o vete tú a saber.

Ponte en mi pellejo, por favor te lo pido, Alvarico. De verdad que entiendo que tu corazón se dirigió hacia otras cosas. Lo entiendo. Sé que no perdías el tiempo. O bueno, quizá si lo hicieras. Si te soy sincera no llego a comprender que crees que vas a hacer a los demás con las letras que compones. Aunque… algo de bien debe de estar haciéndote. Tampoco entiendo qué es lo que te hacía tan feliz de cantarle como un loco a los trigales del vecino. Qué diría la gente… ni pensarlo quiero. Aunque bueno, quizás sí que pueda entenderte… No creas que no he estado pensando. Soy tu madre, pero no soy tonta, y me duele pensar que, quizás, ellos te escucharan más que yo. Quizás ellos pusieran más atención en ti que tu propia madre.

No sé Álvaro. Supongo que lo siento. Es muy triste que una madre tenga que aliviarse al ver que su hijo está bien cuando se encuentra su rostro en un cartel que anuncia su próximo concierto en una sala de la capital. Enhorabuena cielo. Me han dicho que es de las mejores de la ciudad. Nunca he estado en un concierto, pero debe ser algo emocionante. Sé que será así. O bueno, ahora sé que será así. Siento no haber sido uno de los motivos de tu éxito. Será que has nacido para ganar. Espero saber de ti. Pronto.

Siempre tuya. Tu madre. 


Otras cartas:

Cartas encontradas (I): el mentiroso: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/07/23/cartas-encontradas-i-el-mentiroso/

Cartas encontradas: (II): quién busca: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/08/03/cartas-encontradas-ii-quien-busca/

Cartas encontradas (III): de la verborrea: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/08/09/cartas-encontradas-iii-verborrea/

Autor: Antonio Navarro Vázquez

De la arcilla, la madera y el trigo. Hijo de muchos cantares. Padre de algunas pasiones. Mi hoguera

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