Himno (Ángeles y Condenas)

Himno (Ángeles y Condenas)

Caminé sin saber
que en la noche no hay caminos.
Caminé, y lo sabía,
porque tocó caminar.
Caminé y sin motivos
puse mi pie en la piedra.
Y caminando el camino,
hice de piedra mi andar.

Leer más “Himno (Ángeles y Condenas)”

Cartas encontradas (III): verborrea

Cartas encontradas (III)

No voy a entretenerme demasiado en presentar este fragmento, porque creo que habla por sí mismo. Una de las cosas que más me ilusionó al encontrar estas cartas fue la de estar frente a una colección de fragmentos que conectaban cientos de universos con su propia historia y con una intención en común: la de contar algo a alguien. Para mí eran como el ojo de una cerradura desde el que podía asomarme a las preocupaciones y banalidades que interpelaban a sus protagonistas. Sin embargo, la realidad desilusiona y, cuando sorprende, no siempre trae una sonrisa consigo. Hay veces que te preguntas, ¿hasta qué punto no he empleado media hora de mi vida en acicalarme para bañarme en basura? Cuando te haces la pregunta, normalmente, llegas tarde. Quizás luego repienses, asientas para tus adentros y extraigas una enseñanza, consideres los beneficios invisibles y no inmediatos que obtuviste del momento y lo insertes en un contexto de narración más amplia que haga que el total de la historia cobre más sentido precisamente gracias a ese instante. En cualquier caso, el maquillaje no erradica los desastres, aunque ponga el ojo en otra parte, ni el ruido puede convertirse en sinfonía. Intentarlo es pretender ocultar la injusticia con pintura, y eso no conduce a nada bueno.

Leer más “Cartas encontradas (III): verborrea”

El cabo (paisaje)

El cabo (paisaje)

Cabo de San Juan de la Canal (Liencres, Cantabria)

Desde las cabañas, con el mar del norte al costado de las lomas, se oye retirarse a las aguas, incansables, con un botín de piedra y de facciones. Practica la escultura inversa. El oleaje persevera golpeando, tallando, corrigiendo la identidad de las rocas, mientras sus rostros se abandonan a la sal de la indiferencia. Así quedarán ellas cuando les priven todo de sus grietas, de sus cicatrices, de sus aristas: indiferentes. Con el tiempo, las rocas se resignan y quedan lisas, mudas, como aquellos que contemplan su lucha desde la orilla. De vez en cuando, una procesión de luces atraviesa con calma esa frontera que separa a las olas de los vientos brindándonos, por si acaso, un motivo para cruzar nuestras palabras.

Tiene por nombre, me dicen,

todos los que ya ha robado,

aunque en la orilla los deje

cuando su letra ha gastado.

Leer más “El cabo (paisaje)”