Villanela a las Fiestas de Ocaña

Villanela de la Virgen de los Remedios

Villanela a las Fiestas de Ocaña

Amaneció un día bonito. Hace unas semanas, hablando con el director del periódico de mi pueblo, José Rubiales, supe que uno de mis poemas iba a aparecer en el Perfil de Ocaña. José me animó a que le enviase unos versos inspirados en las Fiestas Patronales que este año no iban a poder oficiarse. Las fiestas, que se celebran en la semana del 8 de septiembre, conmemoran la figura de la Virgen de los Remedios, patrona de la Villa de Ocaña. Durante estos días, de los balcones ondean banderas azules y blancas, semblanzas de la Virgen, y cientos de luces colorean las calles y plazuelas de mi pueblo. La efervescencia que hoy se ausenta en nuestras vidas, florecería más que nunca si este virus no nos cercara con su inminente silencio. Pero esto es lo que tenemos.

Cuando era niño, mi hermano y yo solíamos pasar un par de semanas con mis abuelos. Tanto en Torrijos como en Ocaña. Allí, echabamos las horas en el patio trasteando con los gatos, escondiéndonos por las alcobas y tramando cientos de juegos e historias. Algunas veces, mi abuela nos acercaba el Perfil y me señalaba algún artículo para que se lo leyese en voz alta. La letra es muy chica y no hay quien la lea, nos decía. Así nos poníamos al día de humildes acontecimientos que sucedían en Ocaña. Fue entonces cuando, amparado por esa sencillez y pureza que nos arropaban, pensé en que quizás un día mi nombre rubricaría aquellas páginas y mis abuelos sonreirían de orgullo al leerlo. Hoy, mi abuelo se ha marchado (apenas unas semanas antes de que el caos revolucionase el mundo) y mi abuela ya ha mandado a mi tía a por uno de los ejemplares del periódico.

Estos versos están inspirados en esos momentos que tanto compartí con mi abuelo bajo los arcos de la Plaza Mayor. Allí viví una de las imágenes más impactantes de mi vida: mi abuelo, un roble de arcilla, deber y trabajo, desataba de pronto su corazón derramándose en dos lágrimas al ver pasar a la Virgen. Me costó un tiempo entender que mi abuelo no solo lloraba por ella. Las lágrimas de mi abuelo salaban el roto de un tiempo que se marchaba para siempre. Mi abuelo rescataba de una vez todo su pasado, su tierra, su vida, y allí, como un torrente sobre las piedras de la plaza, rompía a llorar con el temple de un coloso. Los viejos, decía siempre. Para ti y por ellos van estos versos.

La sangre corre por las venas, abuelos. Otra nube que pisamos juntos. Por grande o pequeña que sea.

Os dejo aquí con el poema.

Villanela a la Virgen de los Remedios (poema)

Se oye un clamor de sirenas
atravesando la Plaza
y es por la Virgen Morena.

Llora en silencio él sin pena
y en las callejas de Ocaña.
se oye un clamor de sirenas.

Se naranjea la Plaza
y parece una estrella dorada,
ella, la Virgen Morena.

Y cruzando los arcos de piedra
estalla en mil flechas la banda
y se oye un clamor de sirenas.
Entonces, su ojo recuerda
salando en silencio las aguas
que caen por la Virgen Morena.
¡Ay si sus lágrimas vieran
y mis desiertos regaran!
Oigo un rumor de sirenas
y es por la Virgen Morena.

Atentamente

Uno que camina

Autor: Antonio Navarro Vázquez

De la arcilla, la madera y el trigo. Hijo de muchos cantares. Padre de algunas pasiones. Mi hoguera

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