Para ti robé (Ángeles y Condenas)

Para ti robé

Yo te la di a ti, sí.
Para ti robé una estrella.
Una estrellita de plata
para que te protegiera.
Pero nunca pediste ni luces,
ni canciones, ni riberas.
Tú solo querías mis manos
pa que lanzara tus flechas.

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Cartas encontradas (I) El mentiroso

Cartas encontradas (I)

Hace unos meses llegaron a mis manos unas cartas bastante extrañas. Quizás, decir que llegaron es algo presuntuoso. En realidad, fui yo el que las encontró en una pila desordenada sobre un cubo de basura y fue a mí al que venció la tentación de hacerlas mías. Ellas son, por descontado, absolutamente inocentes. En este punto, me gustaría saber quién hubiera sido capaz de reprimir el impulso aún a sabiendas de que se hubiera librado para siempre de que lo acusaran de ladrón, de intruso, y lo reprendieran con el argumento de privarle para siempre al olvido las palabras que su contenedor de desechos tenía previsto regalarle. Quizás decir que mis manos llegaron a las cartas haga más honor a la justicia, pero desde luego, que el sonido es quien dicta la frase.

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Me sorbo

Me sorbo

Licuarme en una lágrima
y surcarme
donde un arrecife de pena
condensa
la arruga de los años.

Como la sal que trepa
el costado de la roca
del diente de la arena.
Me araño. Me sorbo.
Y de nuevo, sed nueva.

Así me quedo, a tientas
sobre mi plato vacío
al que nadie se acerca.
Apenas con un trato dolido
y un sorbo de densa
ausencia de primavera.
Como el humo de un beso de vida
que parte y al labio no llega.
Licuado en la sal infinita
con surcos de lágrimas viejas.

Así me derramo
en orillas ajenas.

Y me licuo
y me surco
y me sorbo
y la pena.

Uno que camina

Cuál es

Cuál es

“Tampoco pesa tanto”

Alguien, línea 9 del Metro de Madrid, 1:04 am

 

“Cada vez me cuesta más saber quién soy”

Luis Fercán

Cuál es el motivo de tu fuego.
Qué ardes.
Dónde te ha empujado la deriva.
Por qué tiemblas
si la luz está de tu parte.
Cómo te cambió la noche.
Hasta cuándo te han sangrado las preguntas.
Tras quién andas cuando miras al espejo.

El cuento tantea la respuesta
y sólo balbuceas un segundo
del hogar
que quieres retener con la punta
del pulso de tu miedo.
A la diana ni te asomas
cuando quieres cobijarte
de las flechas del mal tiempo
y la catástrofe
silabea sus ladrillos en cada detalle.

Ya solo lames celdas.

Y tú, que querías
construir un castillo
de gris moral y recuerdos,
ahora tiemblas intemperies
sin sal, ni calor, ni razones.
Al cobijo de la yesca.
A la merced de un viento
pronunciando esa ausencia de tu fuego.
Cómo proteger ahora
que no te alcanzas a ti mismo.
Cómo proteger ahora
que no te prendes ni a ti mismo.

Y tú que querías ser el barco
y acompañar al más allá la compañía,
apenas eres balsa
y eres la máxima certeza del naufragio.
No me preguntes más.
No te preguntes.
No le preguntes nada más.
Cuando ya no reconoces
ni tu fuego
te has perdido todo el baile
entre las sombras.
Sin átomo ni ventana
a la esperanza.

Cuál es el silencio de tu fuego.
Qué ardes.
Dónde te plegaste a la deriva.
A quién le tiemblas
cuando luz no está de tu parte.
Cómo te secó la noche.
Hasta cuándo te sirvieron las preguntas.
De quién huyes cuando miras al espejo.

Antonio Navarro (inédito)

Otros poemas inéditos en el blog:

Me sorbo: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/07/22/me-sorbo/

Lluvia y sueño: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/08/10/lluvia-y-sueno-san-lorenzo/

Adónde marcharán: https://angelesycondenas.wordpress.com/2020/06/17/adonde-marcharan/

 


Atentamente

Uno que camina