Dime Lorca: ¿Ángel, musa o duende?

Lorca Musa y duende

Lorca. Ángeles. Duende…

Hace un par de días, terminé de leer una recopilación de las conferencias que Federico García Lorca dio en vida publicada por Alianza Editorial. Y es que, además de ser inigualable en el género lírico y dramático, Lorca exhibió una pedagogía a la altura de su universo literario.

Una de sus conferencias más prestigiosas es Teoría y juego del duende. En ella, Lorca plantea tres metáforas (extraídas de la cultura popular) que nos facilitan el análisis de una interpretación artística determinada. Estas metáforas, que funcionan más bien como categorías críticas, son las protagonistas de estas líneas: el ángel, la musa y el duende.

Nietzsche y Lorca

Seguramente hayáis oído hablar de eso que Nietzsche calificó como lo apolíneo y lo dionisiaco. Podría decirse que son propuestas conceptuales, o metafóricas, a través de las cuáles el filólogo valora la historia del arte, de los artistas y la vida:

  • Por un lado, lo apolíneo hace referencia a la faceta ordenada y mensurable de una determinada obra o realidad. Es el rostro lumínico, severo y cognoscible de la existencia. Su representación arquetípica es Apolo, y se asocia a representaciones artísticas proporcionadas y de emoción controlada.
  • Por otro, lo dionisiaco se correspondería con ese temblor caótico e innombrable que habita en el fondo de las cosas y se manifiesta con un rostro frenético e indomesticable. Es el vértigo y lo terrorífico de los sueños y deseos humanos. Lo suculento e inaceptable, tanto para el deseo como para el raciocinio. Su imagen asociada es Pan, dios de la flauta y la orgía.

Ambas facetas aparecen en todo lo real y humano. Son como la cara y cruz de las cosas. Son su luz, y su sombra. El artista y humano ideal sería aquel que, como un funambulista, alcanzase a caminar sobre el equilibrio de ambos abismos. Solo divididos por su cuerda.

Lo que Lorca nos propone en este ensayo es el resultado de sus investigaciones como folklorista. Lorca desarrolló toda una investigación a partir de las tesis de Manuel de Falla y Felipe Pedrell con el objetivo de adentrarse en el espíritu milenario de lo andaluz, y tomando algunos conceptos de la cultura popular, desarrolló esta triada que os presento detalladamente.

Ángel

En el imaginario de Lorca, y también en el del cristianismo, el ángel es un símbolo de amparo, de vigilancia y de previsión:

“El ángel guía y regala como San Rafael, defiende y evita como San Miguel, y previene como San Rafael”

El ángel es la gracia del artista que, a partir de la posesión de una habilidad, ilumina el camino de la interpretación y lo orienta limpiamente hacia su fin. Quién domina todas las posibilidades que ofrece un pincel, disfruta de un camino más despejado hacia la realización de su lienzo. Lorca asocia el ángel al espíritu italiano: un espíritu claro, luminoso y nutrido de genios que han expuesto y desarrollado su técnica guiados por intuiciones angélicas. Aunque por supuesto, la gracia angélica se manifiesta en artistas de todas las latitudes. El ángel nos alerta de los errores, como un maestro, y nos aleja y defiende de lo burdo y corrupto, premiando la pureza hacia el precepto.

Os dejo un artículo sobre esta contraposición: “Ángel y Duende” El País

Musa

La musa es otra cosa. La musa visita al artista y se entrega como presente. La musa es cura… y veneno. Y es que junto a su regalo también entrega al artista un cianuro que acaba con todo el que lo disfruta.

La musa nos proporciona formas que nunca hemos apreciado en un momento de máxima lucidez, pero cuando se marcha, puede embarcar al artista en una búsqueda que lo sumerge en la locura

Pero las formas que la musa entrega, están desprovistas de emociones y de contenido. La musa es formal, apolínea, y Lorca la asocia al espíritu alemán y a sus inclinaciones idealistas. Solo los alemanes del XVIII son capaces de ver vida en la blancura del mármol, música en un silencio de colores y vigor sin caos ni frenesí en su sangre.

Eso sí: la musa, como las sirenas, termina con esos que creen encontrar en ella el alimento para la vida: aquellos que destinan sus ahorros en coleccionar vajillas de plata y olvidan guardar para llenar sus platos de comida, y mueren famélicos y enfermos de su hambre de oro. Así que cuidado con la musa.

Duende

Y al fín, llega el hijo predilecto: El duende son las vísceras, la sangre y el grito del artista. Dice Lorca que “la verdadera lucha es con el duende”, haciendo mención a ese conflicto íntegro que siente el artista en ese momento concretísmo en que emerge su demonio. El duende es una posesión, un incendio, y aun pudiéndose manifestar en todas las artes “es en la danza, en la música y en la poesía hablada” donde se expresa genuinamente.

Pero el duende no es una bendición, ni mucho menos. Para eso ya está el ángel. El duende es un ser caprichoso y pendenciero, que habita en el espíritu de algunos desafortunados y golpea violentamente sus costillas desde dentro. El duende empuja a uno fuera de sí mismo.

Una interpretación con duende es el resultado visual y visceral de una lucha agonizante en los intestinos del intérprete. Solo el desgarro, la pérdida y la inminencia de la muerte, pueden sacudir los deseos de este ser que engendra brillantez y llanto a partes iguales. El duende no es ninguna broma. Solo las almas rotas, calcinadas, atadas por el miedo o por la impotencia ante lo irrevocable, evocan la experiencia de interpretar esa voz que nace de la sangre.

Porque si algo es el duende, es eso: voz de la sangre, alas de tierra y grito de muerte. Es un vendaval de perdición pisando un camino de cristales al ritmo enloquecido de un corazón sin remedio. Todo eso, condensado en un grito o en una danza que dura poco más de unos minutos.


Advertencia final:

El objetivo de estas metáforas es comprender la forma de una interpretación concreta (una actuación dramática, un cante, una danza) y valorar sus cualidades. Que una obra tenga ángel o no, no la sitúa en un eslabón mayor de la jerarquía artística. Simplemente, quiere decir que es de una manera determinada por cómo se expresa en su interpretación. Estas metáforas no son meros conceptos, si no que remiten a cualidades reales de las obras. Tangibles. Viscerales.

 

Atentamente

Uno que camina

Autor: Antonio Navarro Vázquez

De la arcilla, la madera y el trigo. Hijo de muchos cantares. Padre de algunas pasiones. Mi hoguera

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